HARBIN, China - Hace seis años, Wang Huanming quedó paralizado del cuello a los pies tras haberse lesionado luchando con un amigo. Actualmente, espera que haya encontrado la respuesta para caminar de nuevo: un nuevo cuerpo para su cabeza.

Wang, de 62 años, trabajador retirado de una empresa de gas, es una de varias personas en China que se han ofrecido voluntariamente para un trasplante de cuerpo. La operación se haría en un hospital de la ciudad de Harbin, en el norte de China.

La posibilidad de trasplantar un cuerpo tiene a los expertos de todo el mundo alarmados. La duda es: hasta dónde presionará China los límites éticos y prácticos de la ciencia. No obstante, por ahora, ese tipo de trasplante es imposible, según opinan prominentes médicos y expertos, incluyendo algunos de China. Estos destacan la dificultad de conectar los nervios de la columna vertebral. Y, por supuesto, el fracaso equivaldría a la muerte del paciente.

El plan de Ren

El cirujano ortopédico que propone la operación es Ren Xiaoping, de la Universidad Médica de Harbin. Asistió en el primer trasplante de mano que se efectuó en Estados Unidos en 1999. Durante una entrevista dijo que él no se amilanaría, que estaba formando un equipo, que la investigación estaba en marcha y que la operación tendría lugar cuando estén listos.

Su plan es remover dos cabezas de dos cuerpos, conectar los vasos sanguíneos del cuerpo del donador muerto y la cabeza de quien lo recibe, insertar una placa de metal para estabilizar el nuevo cuello, bañar las terminaciones nerviosas de la columna vertebral con una sustancia similar al pegamento para ayudarles a crecer de nuevo y, finalmente, coser la piel.

Sea o no que él lleve a cabo la operación, prominentes expertos médicos han condenado el plan.

“Para la mayoría de la gente, es prematuro en el mejor de los casos y, en el peor, una imprudencia”, afirmó James L. Bernat, profesor de neurología y medicina de la Facultad de Medicina Geisel del Dartmouth College.

Huang Jiefu, ex viceministro de salud de China, aseveró en una entrevista que cuando la columna se corta, las neuronas no pueden reconectarse, así que es científicamente imposible trasplantar un cuerpo. Y también lo considera éticamente inviable. “¿Cómo se puede poner la cabeza de una persona en el cuerpo de otra?”, se preguntó.

Culpan al Estado

Los que se oponen al plan de Ren atribuyen ese tipo de experimentación médica en China a la ambición nacional, a los generosos fondos que aporta el Estado, a una perspectiva utilitaria del mundo que da prioridad a los resultados y a una falta de transparencia y rendición de cuentas hacia el mundo exterior.

“El sistema chino no es transparente en forma alguna”, sostuvo Arthur L. Caplan, médico de la Universidad de Nueva York. “Yo no confío ni en la deliberación bioética de los chinos ni en su estrategia. Si se agregan dosis considerables de política, orgullo nacional y sentido emprendedor, es muy difícil saber lo que está ocurriendo”.

A algunos investigadores chinos también les preocupa que la experimentación esté yendo demasiado lejos y demasiado rápido.

El gobierno chino invirtió 142 billones de renminbi (216 millones de dólares) en investigación científica y desarrollo el año pasado, comparado con 245.000 millones de renminbi en 2005, según informes de la Oficina Nacional de Estadística.

El año pasado, investigadores de la Universidad Sun Yat-sen, de la ciudad de Guangzhou (al sur del país) alteraron un gen en el embrión humano que causa talasemia, rara enfermedad de la sangre. Para hacerlo usaron una técnica desarrollada en Estados Unidos. El experimento cruzó un límite ético, se quejaron algunos científicos de China y del extranjero, debido a que los cambios serían hereditarios si se realizan en embriones viables. El experimento usó embriones inviables. Eso podría abrir las puertas a la modificación genética permanente en busca de cualidades como apariencia o inteligencia.

A pesar de las inquietudes, otro equipo en Guangzhou alteró embriones en abril para volverlos resistentes al VIH. En el ámbito internacional, algunos científicos criticaron el experimento, aduciendo una falta de consenso con respecto a la ética de ese tipo de trabajo.

El equipo, de la Universidad Médica de Guangzhou, se justificó diciendo que aún quedan considerables problemas técnicos por resolver. Agregó que según tales argumentos éticos, no promovería la edición del genoma en líneas viables hasta después de que las comunidades globales de investigación y ética hayan emprendido una evaluación rigurosa y cabal.

Experimentos en ratones

Ren ha experimentado con trasplantes de cabeza en ratones, pero los animalitos solo han vivido un día. También empezó a practicar con cadáveres humanos, pero sobre esto no dio detalles. El médico y sus partidarios dicen que la operación puede ayudar a personas que sufren enfermedades que dañan la función corporal, como la atrofia espinal muscular, o las parálisis como la que padece Wang.

Abraham Shaked, profesor de cirugía y director del Instituto Penn de Trasplantes de la Universidad de Pensilvania, dijo que podría ser posible preservar el cerebro del depositario y el cuerpo del donador antes del trasplante, pegar muchos de los vasos sanguíneos y músculos, y controlar reacciones inmunes de tipo adverso, pero que aún no es posible conectar los nervios de la columna vertebral.

En cuanto al uso de la sustancia parecida al pegamento, glicol polietileno, para facilitar el crecimiento de las terminaciones nerviosas, Shaked puntualizó: “Pongámoslo de esta forma: es como si el cable telefónico trasatlántico fuera cortado por la mitad, y alguien quisiera pegarlo usando Cola Loca”.

Por su parte, Ren contó: “he estado practicando medicina en China y en el extranjero durante más de 30 años; he hecho las operaciones más complicadas. Pero, en relación con esta, no hay comparación. Sea o no ético, es la vida de una persona”, agregó.

A su turno, la Comisión de Salud de China recordó que a los cirujanos se les exige que se ciñan a las responsabilidades éticas trazadas en las normas de trasplante de órganos.

Una esperanza

En medio de este debate médico y de la incertidumbre, Wang y su familia se aferran a la esperanza.

Durante tres años, su hija, Wang Zhi, de 34 años, y su madre bombearon manualmente oxígeno a sus pulmones. Actualmente, tienen una bomba automática que les donaron. Sin embargo, las cuentas médicas han consumido sus ahorros. “Él no puede vivir, y no puede morir”, graficó la joven.

La familia sabe que si la operación fracasa, Wang Huanming morirá. Pero, eso les da esperanza en medio de su desesperación. “Un procedimiento médico que suena imposible puede salvarnos”, expresó Wang Zhi.